Cinco hábitos al alcance de todos para controlar la hormona del estrés

hace 1 año - SALUD-VIDA

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2 de Mayo, 2024-Cortisol-Se activa en situaciones de presión, desafío o temor, asociadas con instancias ancestrales como luchas y huidas. Hay que mantenerlo a raya.



El cortisol tiene mala fama porque lo relacionamos con el estrés que, a su vez, tampoco suena bien. Sin embargo, tanto uno como otro son necesarios en nuestro día a día. Ambos nos permiten mantener un tono vital sano a lo largo de la jornada, activando nuestro cuerpo y nuestra mente.

Las presiones laborales, los vínculos poco sanos, las tensiones por la economía, y tantos otros factores nos mantienen en situación de estrés a niveles que son insalubres.

El cortisol se activa cuando estamos expuestos a una situación de lucha o huida. Todos podemos afrontar este tipo de situaciones diariamente generando en nosotros estados de estrés agudo, episódico o crónico. Que nuestro organismo libere cortisol de manera equilibrada es bueno y normal. El cortisol juega un papel central en varias funciones corporales desde regular el metabolismo hasta controlar la presión arterial y actuar en procesos inflamatorios o nuestros ritmos de vigilia, es decir en realidad es fundamental para nuestra salud.

Así lo demostraba una investigación de la Facultad de Medicina de Harvard y el Hospital McLean, publicada en la revista Journal of Neuroscience: "Es la liberación de demasiado o muy poco cortisol lo que ser perjudicial". El cortisol es producido por las glándulas suprarrenales, dos glándulas pequeñas que se encuentran encima de los riñones y su activación está controlado por el hipotálamo, en el cerebro.

INTOXICADOS

El problema es que hoy en día vivimos intoxicados de cortisol, explica la psiquiatra española Marian Rojas Estapé, en una publicación de la revista Telva. "¿Y qué nos intoxica de cortisol? El estrés crónico, los traumas sin resolver, la personalidad insegura, la personalidad perfeccionista, la personalidad controladora y obsesiva, la cronopatía (vivir obsesionados con aprovechar el tiempo), la soledad, el miedo...", dice ella. Y añade: "Pero la clave de esto es entender que el cortisol es una hormona que se activa tanto ante las cosas reales que nos suceden, como ante los estados de alerta que se producen en nuestra mente. Nuestra mente y nuestro cuerpo no distinguen lo real de lo imaginario".

Lo concreto es que el estrés se ha convertido en uno de los principales problemas de la sociedad actual. Vivimos estresados y eso repercute en la salud. Según la Harvard TH Chan School Public Health, cuando "el estrés episódico agudo y el crónico desencadenan repetidamente una respuesta de lucha o huida, provoca una elevación persistente de las hormonas, lo que conlleva un riesgo de problemas de salud como, por ejemplo: alteraciones digestivas -acidez estomacal, flatulencia, diarrea, estreñimiento-, aumento de peso, presión arterial elevada, dolor en el pecho, enfermedad cardíaca, problemas del sistema inmunitario, afecciones de la piel, dolor muscular -dolores de cabeza, dolor de espalda, dolor de cuello-, interrupción del sueño, insomnio, esterilidad, ansiedad, depresión...".

¿QUÉ HACER?

Algunos especialistas recomiendan cinco hábitos para reducir los niveles malos de estrés.

Baje el ritmo. A lo largo del día, busque momentos para reequilibrarse interiormente. La práctica de ejercicios de relajación te ayudará. Por ejemplo: la respiración abdominal profunda, la visualización de escenas tranquilas, la meditación.

Muévase. Estar quieto no ayuda. El ejercicio moderado es una manera perfecta de liberar estrés acumulado. Caminar, el yoga, andar en bici, cualquier actividad suma.

Relaciónese. Las relaciones cercanas con familiares y amigos brindan apoyo emocional en momentos difíciles. Las relaciones sanas aumentan la liberación de oxitocina y esta hormona disminuye el cortisol.

Duerma lo suficiente. Dormir lo necesario es fundamental para equilibrar los niveles de cortisol, ya que esta hormona es también clave en la regulación de los ritmos circadianos y nos permite levantarnos activos por la mañana y acostarnos cansados y relajados por la noche.

Comer bien. Las investigaciones relacionan altos niveles de cortisol con el consumo de comida rápida y alimentos procesados con altos niveles de grasas y azúcar. Evítalos y pasate a la alimentación mediterránea y trata de comer con calma, disfrutando de ello.

Estrés y ansiedad, dos cuadros que solemos confundir pero que no son lo mismo

¿Qué es estrés y qué es ansiedad? La ansiedad es un concepto que expresa un estado de hiperactividad del sistema nervioso simpático, una respuesta fisiológica ante ciertas situaciones. No se trata de un sentimiento o una emoción, sino que es una reacción que sirve para adaptarnos a los cambios del entorno.

El estrés es, básicamente, consecuencia de un tipo de relación entre nosotros y nuestro entorno.
El estrés es, básicamente, consecuencia de un tipo de relación entre nosotros y nuestro entorno.

El estrés es un tipo de respuesta fisiológica capaz de generar emociones, positivas o negativas. Puede definirse como el tipo de relación que se establece entre la persona y su entorno, donde se percibe un peligro cuando las capacidades son superadas por las demandas. Si esta relación te genera un desafío estimulante y potencia tus recursos, entonces se trata de una situación positiva. En este caso, hablaremos de eustrés, que es una respuesta saludable y productiva.

Un combo de alteraciones que perjudica la calidad de vida

Identificar el estrés es la puerta para poder ponerle fin. Es especialmente útil cuando se ha cronificado y se ha convertido en algo natural, aunque peligroso. Uno de los síntomas más comunes del estrés crónico una tensión persistente en los músculos, especialmente en la zona del cuello y los hombros, lo que a menudo conduce a la aparición de dolores de cabeza tensionales. Estos dolores de cabeza pueden variar desde leves molestias hasta malestares intensos.

También se dan problemas gastrointestinales, con malestar estomacal, náuseas, diarrea o estreñimiento. Suele haber además fatiga, porque el estrés sostenido puede agotar tanto mental como físicamente, dando lugar a una sensación continua de cansancio. Otra señal con cambios en el apetito, disminuyéndolo o potenciándolo, y son comunes los problemas de sueño porque el estrés puede interferir, resultando en dificultades para dormir, despertares frecuentes durante la noche e incluso insomnio. La preocupación constante y los pensamientos rumiantes pueden dificultar el relajamiento necesario para un sueño reparador.

El cuadro puede incluir irritabilidad y variaciones en el estado de ánimo. También aparece una dificultad para concentrarse, con pensamientos intrusivos relacionados con las preocupaciones. El conjunto suele provocar aislamiento social, cuando la persona evita interactuar con los demás debido a la abrumadora sensación de estrés.

Fuente: diarionorte.com


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