Pitaya- La fruta del dragón crece en la Argentina.

hace 2 semanas - SALUD-VIDA

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25 de Febrero, 2026-La producción atraviesa una etapa incipiente pero dinámica. Los productores dicen que no es "exótica", sino "negligenciada".


El término refiere a que hace décadas que es una planta ornamental presente en varias regiones del país, aunque sin desarrollo comercial. Hoy el cultivo se concentra principalmente en Jujuy, Salta, Tucumán y Formosa, con apoyo técnico del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA), que desde 2019 evalúa variedades en Yuto (Jujuy). También hay experiencias en Misiones, Corrientes y Entre Ríos.

   En Tucumán, la empresa King Berry impulsa la expansión con foco en fruta fresca e industrialización congelada para coctelería. En Jujuy se destacan emprendimientos familiares como Finca Don Armando y Finca La Iguana, que producen para mercados locales y elaboran pulpa procesada. Comienza a posicionarse como alternativa de diversificación en nuestra región, con unas 100.000 plantas.

   En Entre Ríos, particularmente en la zona citrícola de Concordia, el ingeniero agrónomo Mariano Winograd lidera el desarrollo del vivero PitAyuí en Colonia Ayuí. Allí se introdujeron variedades autofértiles y técnicas adaptadas a inviernos con heladas, aprovechando infraestructura previa de citrus y arándanos. Según Winograd, la pitaya es "una especie nueva que no es nueva", ya que su potencial fue ignorado durante años.

   En el país se trabajan principalmente tres especies: blanca (Hylocereus undatus), roja (Hylocereus monocanthus) y amarilla (Hylocereus megalanthus). Ofrecen pulpas blancas, rojas o fucsias y cáscaras rosadas o amarillas. La planta, una cactácea trepadora, requiere espalderas, riego localizado y al menos 12 horas de luz. Florece de noche y, en muchas variedades, necesita polinización manual debido a incompatibilidades genéticas. La incorporación de clones autofértiles es uno de los principales avances recientes.


   Desde el punto de vista productivo, no es un cultivo complejo para fruticultores experimentados: presenta baja incidencia de plagas, demanda moderada de agua y podas sencillas. La principal inversión inicial corresponde a la implantación —unas 6.000 plantas por hectárea— y a sistemas de protección contra heladas en regiones más australes.

   El mercado interno muestra una demanda creciente que supera la oferta disponible. La fruta se comercializa en ferias, verdulerías especializadas y grandes centros urbanos, además de utilizarse en gastronomía y coctelería por su sabor dulce-ácido y su pulpa colorida. Rica en vitamina C, antioxidantes y fibra, se promociona como "superfruta". Actualmente Argentina importa pitaya desde Ecuador, mientras la producción local busca consolidarse y ganar espacio en góndolas.

   El desafío hacia adelante parece más comercial que agronómico: insertar la pitaya en la canasta habitual de consumo, como ocurrió con kiwi, mango o palta. Los productores confían en que las variedades locales, cosechadas con mayor madurez y contenido de azúcares, permitirán diferenciarse. Aunque todavía no existen exportaciones significativas, el sector vislumbra oportunidades futuras en nichos premium, apoyado en innovación varietal, capacitación técnica e integración entre productores.

   La pitaya, también conocida como fruta del dragón, se consume principalmente fresca por su pulpa jugosa, suave y ligeramente dulce, con un sabor que recuerda a una mezcla de kiwi, pera y melón. Su textura refrescante y sus pequeñas semillas crujientes la convierten en una opción ideal para comer al natural: basta con cortarla por la mitad y extraer la pulpa con una cuchara. También puede pelarse y cortarse en cubos para ensaladas de frutas, brochetas o macedonias tropicales.

   Más allá de su atractivo visual —especialmente en las variedades de pulpa roja o fucsia—, la pitaya es valorada por su versatilidad en preparaciones dulces y saladas. En desayunos y meriendas, se integra fácilmente en smoothies, bowls y licuados combinada con banana, mango, piña, yogur o leche de coco. Congelada y procesada, funciona como base para sorbetes, helados caseros o parfaits con granola y frutas frescas. También puede transformarse en mermeladas, salsas y coulis para acompañar tartas, postres o incluso preparaciones agridulces.

   En el terreno salado, aporta color y frescura a ensaladas verdes, platos con palta, mango o granada, y combina bien con pescados como atún o en ceviches tropicales. Su pulpa procesada se utiliza además en coctelería para dar tono vibrante y notas frutales a tragos y bebidas refrescantes.

   Desde el punto de vista nutricional, la pitaya se destaca por su bajo aporte calórico —entre 43 y 60 kcal cada 100 gramos— y su alto contenido de agua (alrededor de 85%), lo que la convierte en una fruta liviana e hidratante. Es fuente de fibra soluble, especialmente mucílagos, que forman un gel en el intestino y favorecen el tránsito intestinal, ayudando a prevenir el estreñimiento y a prolongar la sensación de saciedad. Esto la hace adecuada en planes de control de peso.

   Aporta vitamina C, antioxidantes como betalaínas y compuestos fenólicos —más abundantes en las variedades rojas—, además de pequeñas cantidades de vitaminas del complejo B, calcio, fósforo e hierro. Sus semillas contienen ácidos grasos insaturados beneficiosos para la salud cardiovascular. Gracias a su perfil antioxidante, contribuye a combatir el daño de los radicales libres y a fortalecer el sistema inmunológico, favoreciendo también la absorción de hierro.

   Comparada con otras frutas tropicales, la pitaya contiene menos vitamina C que el mamón o el kiwi, pero ofrece buena hidratación, fibra y compuestos antioxidantes, con menor contenido de azúcares que el mango. Además, posee un índice glucémico bajo a moderado, por lo que puede incorporarse con moderación en dietas para personas con diabetes.

   Se recomienda consumirla madura —cuando la piel cede levemente a la presión y la pulpa está jugosa— para aprovechar mejor su sabor y propiedades. Puede formar parte de las 2 o 3 porciones diarias de fruta sugeridas en una alimentación equilibrada, tanto fresca como en preparaciones saludables.

   En síntesis, la pitaya combina valor nutricional, bajo aporte energético y gran versatilidad culinaria, lo que facilita su incorporación cotidiana en desayunos, meriendas, comidas principales o postres.

Fuente: diarionorte.com


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