Una cuestión social permanente.

hace 4 meses - VIDA-TENDENCIA

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17 de Octubre, 2025-Por: Nancy Cantero-La Salud Mental de las Mujeres-Cada 10 de octubre, el mundo se detiene brevemente para hablar y reflexionar sobre la ‘salud mental’. Aunque este asunto nos interpela a diario, su conmemoración nos convoca a visibilizarlo, pensar de forma colectiva y, sobre todo, actuar con conciencia, empatía y responsabilidad.


"No hay salud sin salud mental", afirma la Organización Mundial de la Salud (OMS). El concepto de bienestar va más allá de la mera ausencia de dolencias; implica un equilibrio pleno: físico, social, emocional y cognitivo. En este marco, la salud mental femenina se presenta como una dimensión esencial y, a la vez, históricamente invisibilizada y relegada.

Como profesional de la salud y gestora social, defiendo que el equilibrio interno trasciende lo individual y se forja a través de un compromiso colectivo. No se trata sólo de procesos individuales, sino de realidades profundamente influenciadas por los entornos en los que vivimos, trabajamos y nos vinculamos. Esta mirada revela la complejidad de ser mujer hoy: desplegamos múltiples roles —trabajadoras, madres, cuidadoras, estudiantes, emprendedoras, sostenes emocionales— mientras intentamos sostener nuestras propias expectativas, romper mandatos, derribar estereotipos y resistir diversas formas de violencia.
Nancy Cantero.

En este cruce de exigencias y silencios, la salud emocional de las mujeres se vuelve un asunto urgente, vital e innegociable. No podemos seguir postergando el reconocimiento de nuestras vulnerabilidades, ni permitir que el agotamiento se normalice. Muchas mujeres se sienten invisibles, desbordadas, sin permiso para parar, sin espacio para ser escuchadas. Por eso, hablar de salud mental implica también hablar de derechos, de justicia, de acceso y de respeto.

Impulsar la promoción y la prevención del bienestar emocional de las mujeres demanda una perspectiva integral y empática, capaz de reconocer sus experiencias únicas y de adaptarse a los contextos específicos donde se desarrollan sus vidas. Es fundamental tejer lazos saludables, crear espacios protectores y diseñar redes de apoyo que acompañen sin invadir. Como operadora en psicología social, creo en el poder transformador del trabajo comunitario: donde cuerpo y palabra convergen, brotan nuevas rutas de sanación.

Para comprender por qué este cuidado se mantiene como una cuestión social permanente, es necesario explorar y adentrarnos en tres dimensiones interdependientes. La primera abarca y engloba los determinantes sociales —pobreza, violencia de género o precariedad laboral— que, al fluctuar con el tiempo, modelan nuestro bienestar interno y ponen en evidencia que las intervenciones aisladas resultan insuficientes sin cambios estructurales. La segunda radica en sostener de forma continua las acciones de promoción y prevención: la detección temprana de malestares y la creación de espacios protectores requieren campañas educativas permanentes, políticas inclusivas y comunidades organizadas que derriben el estigma y faciliten el acceso a recursos antes de que las dificultades se agudicen. La tercera dimensión atiende a la calidad de nuestras redes de relación —en el hogar, en el trabajo y en las instituciones—, pues mientras persistan desigualdades, mandatos y estereotipos que sobrecargan especialmente a las mujeres, el cuidado psíquico continuará siendo una prioridad ineludible.

En este recorrido, tenemos dos fuerzas fundamentales que nos sostienen: el amor y el trabajo. El primero nos envuelve, humaniza y sana; el segundo nos otorga autonomía, propósito y dignidad. Cuando estas energías se entrelazan en armonía, el bienestar interior deja de ser un anhelo distante y se convierte en una experiencia cotidiana.

Porque cuidar de nuestra salud emocional no es un lujo sino un derecho irrenunciable, y cada una de nosotras puede sumar su granito de arena desde la promoción y la prevención: visibilizando y concientizando en medios y redes sociales, compartiendo experiencias auténticas y difundiendo herramientas que inspiren a otras mujeres a priorizarse. Solo de este modo reconoceremos la riqueza de nuestro mundo interior, nos daremos permiso para cuidarnos y exigiremos ese mismo derecho para todas.

(*) Licenciada en Gestión Social.

Fuente: diarionorte.com


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