hace 1 año - SALUD-VIDA
Tiempo de lectura: 2 minutos, 53 segundos1 de Septiembre, 2024- Asociada a la mala alimentación, el exceso de consumo de alcohol y el sedentarismo. Generalmente es detectable mediante una ecografía. Quienes presentan diabetes también son más propensos a un diagnóstico positivo en esta afección.
El hígado graso es una enfermedad que se manifiesta sin previo aviso y que afecta aproximadamente a un 25% de la población mundial, según surge de un informe de la Biblioteca Nacional de Medicina de los EEUU. En ocasiones, esta patología se mantiene estable y no presenta mayores complicaciones. Sin embargo, a veces puede evolucionar y desarrollar distintas afecciones. Sus causas no están del todo claras, pero se estima que están relacionadas con el estilo de vida de la persona y sus condiciones de salud.
Para Fabio Nachman, jefe del Servicio de Gastroenterología del Hospital Universitario Fundación Favaloro, el hígado graso se trata "de un término general que se utiliza para denominar a un conjunto de patologías o afecciones que, como su nombre indica, tienen como principal característica el exceso de grasa almacenada en las células del hígado".
Esta condición, "a algunas personas no les genera síntomas ni empeora, pero a otras puede ocasionarles problemas de salud", ahondan desde la Clínica Cleveland. El hígado es el órgano interno más grande del cuerpo y está ubicado en la parte superior derecha del abdomen, debajo del diafragma y encima del estómago, describen desde la Clínica Mayo e informan que su función es vital para el organismo: digiere alimentos, elimina sustancias tóxicas y sintetiza proteínas.
Según el jefe de servicio de Gastroenterología del Hospital de Clínicas, Esteban González Ballerga, se considera hígado graso cuando este órgano acumula más de 5% de grasa en su tejido. Lo importante en estos casos es la forma en que se manifiesta, que puede ser a través de dos maneras. Una: la esteatosis simple, condición que no produce ninguna afección y que no conlleva ningún tipo de inflamación ni daño hepático. "Lo único que se puede llegar a sentir es dolor debido al agrandamiento del órgano", mencionan desde la Biblioteca Nacional de Medicina de los EEUU.
Por otro lado, "en aproximadamente un 10% de los pacientes, este cuadro evoluciona a lo que se conoce como esteatohepatitis no alcohólica", precisa Valeria Descalzi, jefa de Hepatología de la Unidad de Hepatología y Transplante Hepático del Hospital Universitario Fundación Favaloro. Cuando esto ocurre, el hígado se inflama y a la larga, "puede desarrollar una fibrosis", ahonda la especialista.
En términos de Nachman, las causas son multifactoriales y se asocian tanto al estilo de vida como a la salud de las personas. Al respecto, Descalzi coincide y revela que los principales factores de riesgo son tres. El primero que menciona es la obesidad porque "al tener mayor porcentaje de grasa corporal, aumenta el nivel de insulina y en consecuencia, los ácidos grasos se depositan en el hígado", dice la hepatóloga. Segundo, destaca a la diabetes tipo 2 y la resistencia a la insulina; tercero, el sedentarismo.
No obstante, los desencadenantes no se limitan solo a esto: "La alimentación inadecuada, de mala calidad y de forma desmedida, también podría dar lugar a este cuadro", agrega Nachman. Para el especialista, el problema surge de una dieta basada en el consumo de demasiadas calorías, grasas saturadas, frituras y elevado nivel de azúcar. Sumado a ello, cuando hay altas concentraciones de grasas en sangre tales como de colesterol LDL (malo) o triglicéridos, también aumentan la probabilidad de manifestar hígado graso.
El consumo de alcohol también hace su aporte. Tal como explican desde la Biblioteca Nacional de Medicina de los EEUU, cuando se bebe, el hígado descompone esta bebida para poder eliminarla del cuerpo. Aún así, en este proceso se generan sustancias dañinas que deterioran las células del órgano, provocan inflamación y debilitan las defensas.
Fuente: diarionorte.com
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