hace 3 años - SANTIAGO
Tiempo de lectura: 4 minutos, 51 segundosSe deben generar hábitos saludables en la alimentación no solo en los chicos, sino en los responsables de guiar este proceso: padres, familias y Estado.
13/01/2023 - 23:56 Santiago
El sobrepeso y la obesidad en la población infantil siguen siendo factores de riesgos para el desarrollo de otras patologías no transmisibles como resistencia a la insulina, esteatosis hepáticas, dislipidemias, diabetes, HTA, entre otras.
Entre las consecuencias que dejó el coronavirus, la tendencia de sobrepeso y obesidad en toda la población, principalmente en niños, niñas y adolescentes, es una de las más preocupantes. Si bien no hay cifras oficiales, estiman que en la pospandemia aumentó entre un 10 y un 20%.
En diálogo con EL LIBERAL, la Lic. Raquel Carranza, especialista en Nutrición, advirtió que "esta situación crea un escenario en el que es prioritario accionar con urgencia en esta cuestión. Es por ello que generar hábitos alimentarios saludables en todos los entornos es una premisa urgente".
"Se recomienda hacerlo de forma paulatina y con el entendimiento pleno del cambio actitudinal, trabajar con los padres y niños con las guías alimentarias para la población, haciendo foco en los grupos alimentarios, sus funciones y en el reconocimiento de sus porciones diarias, sin omitir ningún. Eso es clave. Por experiencia personal puedo afirmar que los niños son muy responsables y en la instancia de entendimiento de su alimentación presentan alta adherencia a los tratamientos. Lo importante es que visualicen e internalicen que todos los alimentos pueden ser consumidos, siempre que se respete la porción y la frecuencia de consumo. En este aspecto es relevante no insistir a consumir más cuando el niño alcanzo saciedad", sostuvo la especialista.
Pautas
* Establecer el número de comidas: es importante ordenar las comidas en 4 principales (desayuno, almuerzo, merienda y cena). En ocasiones, según la rutina diaria de cada niño y según necesidad conforme a su estado particular determinar consumo de 1 o 2 colaciones entre las comidas principales, siendo lo más recomendable para ese momento, las frutas y las verduras, o snack saludables.
* Acompañamiento familiar, factor clave: es decir que toda la familia se adhiera a este cambio de consumo.
* Planificación de comidas y compra organizada: es conveniente que la compra del súper sea respondiendo a una planificación de comida semanal, y no de forma arbitraria, debido a que esto conduce en ocasiones a que se gaste más y no sea fructífero en el aspecto costo beneficio.
* Preparar los platos con los niños: muchos estudios demuestran que los niños disfrutan más de la comida cuando ellos mismos la preparan, además de que en ocasiones la manipulación de ellos, les produce acercamiento y los motiva a que muestren mejor aceptación de aquellos que antes no les agradaba; también conduce a que se aproveche este momento para el entendimiento de cómo debería conformarse el plato de almuerzo y cena – optimizando los recursos disponibles-.
* No dejar de lado la hidratación: las bebidas también hay que considerarlas dentro del plan saludable, incorporar agua principalmente como bebida, pero también se puede elaborar licuados de frutas o verduras sin agregado de azúcar, aguas saborizadas caseras sin agregado de azúcar.
En este aspecto es clave enseñar a leer los rotulados de los envases, en la actualidad con la nueva ley de etiquetado frontal, los niños pueden identificar claramente los sellos de advertencia por los excesos en azucares, sodio, etc.
Otros tips a tener en cuenta para lograr el objetivo
* Reducir el consumo de ultraprocesados: Es una condición importante, que en los hogares y en los entornos escolares, deportivos, y similares se los incentive a reemplazar productos como gaseosa, jugos azucarados, snacks con alto contenido de carbohidratos y grasas por otros productos frescos naturales, en donde el agua, las frutas, las verduras tengan mayor protagonismo -
* Promover ejercicio físico: debe ser una condición diaria, si tomamos la recomendación de la OMS en la que indica que por lo menos de 150 a 300 minutos de actividad física aeróbica de intensidad moderada o vigorosa por semana para todos los adultos, incluidas las personas que viven con afecciones crónicas o discapacidad, y un promedio de 60 minutos al día para los niños y adolescentes.
De qué se trata la enfermedad
La obesidad en los niños significa tener un peso que es superior al saludable para la estatura de un niño. La obesidad es una enfermedad grave y crónica. Con el tiempo, puede llevar a otros problemas de salud, incluyendo diabetes, enfermedad cardíaca y algunos cánceres.
Cuando los niños comen más alimento de lo que su cuerpo necesita para la actividad y el crecimiento normales, las calorías adicionales se almacenan en los adipocitos para su uso posterior. Si este patrón continúa con el tiempo, ellos desarrollan más adipocitos y pueden presentar obesidad.
Otros factores en el ambiente del niño que también pueden conducir a la obesidad en poco tiempo
Los niños están rodeados de muchas cosas que los llevan fácilmente a comer en exceso y difícilmente a estar activos. Los alimentos que son ricos en contenido de grasa y azúcar a menudo vienen en tamaños de porciones grandes. Estos factores pueden llevar a los niños a ingerir más calorías de las que necesitan antes de que se sientan llenos. Los comerciales de televisión y otros anuncios en pantallas pueden conducir a la elección de alimentos poco saludables. La mayoría de las veces, los alimentos en anuncios dirigidos a los niños son ricos en azúcar, sal o grasas.
Las actividades que implican "tiempo frente a una pantalla" como ver televisión, juegos, mensajes de texto y jugar en la computadora requieren muy poca energía. A menudo toman el lugar de la actividad física saludable. Además, los niños tienden a anhelar los refrigerios poco saludables que ven en los anuncios de televisión.
Otros factores en el ambiente del niño también pueden conducir a la obesidad. La familia, los amigos y el entorno escolar ayudan a moldear la dieta y las opciones de ejercicio del niño. El alimento puede utilizarse como una recompensa o para consolar a un niño. Estos hábitos aprendidos pueden conducir a comer en exceso. Muchas personas tienen dificultad para romper estos hábitos más adelante en la vida.
La genética, las afecciones médicas y los trastornos emocionales también pueden aumentar el riesgo de obesidad para un niño. Los trastornos hormonales o la baja actividad tiroidea y ciertos medicamentos, como los esteroides o los anticonvulsivos, pueden aumentar el apetito de un niño. Con el tiempo, esto incrementa su riesgo de obesidad.
Un enfoque malsano en el hecho de comer, el peso y la imagen corporal pueden llevar a un trastorno alimentario. La obesidad y los trastornos alimentarios a menudo ocurren al mismo tiempo en niñas adolescentes y mujeres adultas jóvenes que pueden estar descontentas con su imagen corporal.
Fuente y foto: EL LIBERAL
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