hace 4 años - VIRALES
Tiempo de lectura: 3 minutos, 5 segundosEl caso ocurrió en Resistencia y lo comentó todo el país. Al llegar al albergue había manifestantes cortando el acceso. Todo le salió mal. 14 de Febrero, 2022
Hoy es San Valentín, y muchos hombres y mujeres de todo el mundo lo celebrarán con sus parejas. Pero algunos también lo harán con esos amores clandestinos que transcurren a escondidas. Una historia de esa índole dio lugar, diez años atrás, a un episodio que puso a Resistencia en boca de muchísimos argentinos. ¿Qué sucedió? Un joven de la capital del Chaco logró que una chica que venía intentando conquistar desde mucho tiempo antes le dijera que sí a una invitación muy concreta: tener un encuentro íntimo en algún lugar reservado. Iba a vivir una pesadilla.
PIQUETE SORPRESA
La historia fue publicada en su momento por NORTE, ya que el protagonista se comunicó con este diario para relatar su desgracia y condenar el piquete gremial. Al llegar al motel Kingo Kong (sobre ruta 11) con su auto, acompañado de la chica que tanto le había costado convencer, se encontró con un piquete en el acceso mismo al albergue. El bloqueo era del gremio que agrupa al personal de hoteles y locales gastronómicos. Denunciaban que los empleados del lugar no estaban encuadrados legalmente.
Desconcertado, el joven detuvo el coche a algunos metros y le dijo a su acompañante que iría a preguntar si lo dejaban ingresar al motel. La chica contestó que había otro problema: entre los manifestantes había un conocido de ella y de su novio. El atribulado conquistador le propuso entonces que ella fuera oculta en el baúl. La respuesta fue un no terminante.
El muchacho pegó la vuelta y buscó llegar a otro motel pero se quedó sin nafta. Como tenía el dinero justo para un turno en algún albergue, dejó a la chica esperando y fue en busca de un cajero automático para hacerse de efectivo. Caminó hasta la terminal de ómnibus. En su cuenta había 93 pesos y el cajero expendía como mínimo billetes de 100. Caminó hasta el barrio Provincias Unidas, donde un amigo le prestó 60 pesos.
Fue a una estación de servicio, pero no le quisieron cargar un bidón de nafta por razones de seguridad. Recurrió a otra e, implorando, consiguió que le pusieran combustible en el recipiente.
Derretido de calor, regresó al auto, que le había quedado a unas veinte cuadras de distancia. La chica, cansada, se había ido. "¿Y ahora quién me compensa esto?", preguntó aquella vez al periodista de NORTE.
Hace algunos días muchos medios se hicieron eco de la historia de una chica que se puso a manejar su vehículo para la plataforma Uber, y en uno de sus viajes descubrió a su novio engañándola en un motel.
Algo similar le ocurrió a un joven de Resistencia algún tiempo atrás, y viene a cuento relatarlo en este Día de San Valentín.

EL PRINCIPIO DEL FIN
Lo que le pasó al protagonista, contado por él a un periodista de NORTE, fue que llevaba algunos meses en una relación paralela a la que mantenía con su novia.
Ese vínculo "en trampa" hacía que, obviamente, los momentos compartidos fueran en sitios reservados.
Una de esas citas, como solía suceder, terminó en un motel de las afueras de la capital.
Luego de un par de horas, iban a retirarse de allí pero el auto del muchacho no arrancó. Tras varios intentos, se resignó a pedir un taxi.
El vehículo de alquiler llegó al cabo de algunos minutos. Ambos subieron. Cuando él vio por el espejo retrovisor la cara del chofer, casi se muere de un infarto: era el padre de su novia.
El viaje fue un suplicio. La chica hablaba y no entendía por qué él no respondía más que con monosílabos o sonidos.
El hombre al volante no decía nada. Tuvo la delicadeza de callar.
Minutos después de bajar del coche, él recibió una llamada: era su novia insultándolo y dando por terminada la relación.
Fuente y foto: diarionorte.com
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