Colapso del sistema de salud: el temor detrás de las nuevas restricciones

hace 5 años - ZONALES

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A nivel nacional y provincial la evolución de los indicadores sobre contagios y ocupación de camas en la red de atención sanitaria reavivaron el peligro de que el sistema de atención quede desbordado. 7 de Enero, 2021


Las medidas de restricción para la circulación de personas que se adoptaron primero en el Chaco y luego a nivel nacional tienen detrás un motivo casi excluyente: el temor a que los hospitales se queden sin camas en las cuales alojar a enfermos de coronavirus en estado delicado. De allí a vivir las dramáticas situaciones vistas el año pasado en otros países habrá apenas un paso.

De hecho, ese riesgo fue el que hizo que tanto la provincia como la nación adoptaran rápidamente la decisión de instrumentar una cerrada cuarentena sanitaria para toda la población, en el comienzo del otoño de 2020. Luego los números de la pandemia se mantuvieron bajo control y el aislamiento social preventivo fue desactivado, las actividades económicas fueron abriéndose progresivamente y llegó el tiempo del distanciamiento social y las apelaciones a la responsabilidad ciudadana.

Giro negativo

Pero en los últimos dos meses el cuadro fue deteriorándose, en gran medida por un notable relajamiento social que hizo que mucha gente dejara de cuidarse y de adoptar medidas personales básicas como el uso de tapabocas o la higiene frecuente de manos.

Los especialistas coinciden en que el mayor desarreglo se dio -y sigue dándose- en la franja más joven de la población, que no soportó las restricciones en materia de reuniones sociales y celebraciones masivas y comenzó a participar de encuentros que favorecieron la propagación del coronavirus.

En el Chaco se registraron desde agosto hasta fines de 2020 más de 700 fiestas clandestinas, de las que participaron en total miles de personas prácticamente sin uso de barbijos y con conductas de alto riesgo, como la de compartir botellas y vasos de bebidas. No obstante, se estima que los números reales son mucho mayores, porque por cada reunión clandestina que detectan las fuerzas policiales hay otras varias que no son denunciadas.

El resultado es que las cifras diarios de nuevos contagios fueron creciendo fuertemente. También las consultas de personas con síntomas compatibles con covid-19. En los consultorios de febriles del Hospital Perrando, por ejemplo, la cantidad de personas que acuden a diario es cada vez más alta. Y también crece el porcentaje de resultados positivos que dan los hisopados que se les efectúan.

En las últimas semanas esas consultas son de más de 200 personas, y con un porcentaje que en algunos casos supera el 40% de resultados positivos. A la par, se va achicando la disponibilidad de camas para personas que requieren internación.

A la par, hay un tema nada menor: el personal de salud está al límite de sus fuerzas. Está trabajando a destajo prácticamente desde abril de 2020, y esta "segunda ola" de la pandemia encuentra a médicos, enfermeros y auxiliares con el desgaste propio de una larga batalla que prácticamente no ha tenido tregua.

Las expectativas de que la situación se descomprima son dos. Una, que llevará tiempo, será que la vacunación iniciada hace poco prosiga, tenga éxito en cuanto a los niveles de inmunización y llegue lo antes posible a la mayor parte de la población. Pero es algo que llevará, como mínimo, todo el año. La otra salida es que la sociedad asuma que tiene que mantener en la mayor medida posible los cuidados de los inicios de la cuarentena.

De lo contrario, el infierno tan temido, el de hospitales desbordados con enfermos amontonados en los pasillos y un sistema sin capacidad siquiera para ocuparse de los cuerpos de las personas fallecidas, podría convertirse en realidad. Mientras tanto, todavía hay margen para reaccionar y torcer el rumbo.

07-01-2021 Fuente y foto: diarionorte.com


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