Manuel Vallejos, la diversificación de la producción en un pequeño campo

hace 5 años - ZONALES

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PAMPA DEL INFIERNO (Agencia) - En tiempos en que unos cuantos dicen ser ‘el campo‘, habría que diferenciar bien al verdadero campesino, el que vive en el territorio de aquel que tiene miles de hectáreas, con una realidad bien distinta a la del que agacha el lomo sobre la tierra para hacerla producir.


Todavía existen verdaderos campesinos, familias de gringos duros y santiagueños curtidos. Varias familias de nuestra zona persisten en la lucha diaria del campo, son pocos, pero son los verdaderos dueños de la tierra, los que tratan como pueden de diversificar su producción para hacerla rentable en menos de 1.000 hectáreas, en realidad la mayoría tienen desde 200 a 800 hectáreas, con tal de no vender sus campos, que ya eran de sus padres e incluso, de sus abuelos.

Verdaderos héroes de soles largos y días de viento norte. Sol a plomo, que se soporta con la esperanza y los proyectos. Son el eterno corolario del precio de la libertad. Con el avance de los cultivos expansivos, los verdaderos campesinos están dispersos y confundidos entre los campos de terratenientes que abarcan miles de hectáreas.

Quedan menos pero todavía persisten en parajes como Pampa Grande, La Bolsa, El Guanaco, Pampa Pereyra, El Mollal, entre otros. NORTE se trasladó al paraje El Mollal, al establecimiento de Manuel Vallejos, quien vive con su mujer, sus hijas y la madre, una gringa por excelencia, como sacada de una estampa. La sombra corona la galería en donde degustamos un cordero ahumado.

EL CANTO DE AVES MAÑANERAS

En este campo de 256 hectáreas se la pelea como se puede, produciendo de todo un poco, para el consumo propio y para la venta. Las alternativas son varias y Manuel lo sabe. ‘Desde el año 1965 se afincó mi padre (don Julio Vallejos) acá, y mis hermanos también están en el campo un poco más al norte‘, cuenta.

El viento, testigo silencioso, nos acompaña, junto a los perros, cuando recorremos el campo. Lo primero que se ve es la plantación de tuna, ‘es para forrajes de vacunos‘, explica Vallejos. ‘Me aconsejó gente del INTA‘, agrega. Casi sin darnos cuenta caminamos entre los algarrobos incipientes, son las primeras diez hectáreas de un proyecto de reforestación con esta planta nativa. ‘Voy a reforestar otras diez hectáreas pronto‘, se anima el anfitrión. En coordinación con el IIFA.

Luego atravesamos un sector que estuvo ocupado por una chanchería, ‘nos fundimos con el otro gobierno porque el cerdo no valía nada‘, dice.

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Estas abejas producen una miel ‘delicada y suave‘ que además ‘tiene propiedades curativas sobre todo en la garganta y ayuda a prevenir muchas enfermedades‘, cuenta.

Llegamos al corral de las vacas, en donde asoman toros de razas Brahman y Brangus. ‘Tengo 80 vientres‘, cuenta el productor observando a un vecinito que larga agua en un gran piletón para que beban los vacunos. Por último, llegamos al corral de las ovejas. Presurosas y curiosas, nos rodean, ‘les damos de comer, por eso son así‘, mansas, explica Vallejos, y camina entre ellas. Los corderos son cruza Santa Inés con Dorper. Ya de vuelta a la casa nos pasamos por el galpón, donde descansan una volanta y un sulky en excelentes condiciones. Allí mismo se desarrolla otra alternativa económica, la producción de miel de meliponas (abejas sin aguijón).

PÉRGOLA DE VIDA Y VIENTO SUAVE

Sentados debajo una pérgola tosca pero agradable continuamos la charla. Mate amargo de por medio, afloran los recuerdos en los que está presente ese sol persistente y los sacrificios de la vida en el campo. ‘Pienso agrandar el campo porque mi vida será acá, así que voy a buscarle la forma de que sea productivo‘, aclara Vallejos.

Vallejos es nacido y criado en este campo, ahora tiene 38 años ‘toda la vida en la zona; y hago de todo, agricultura, ganadería y algo de siembra‘. ‘Mis padres están desde 1968 acá, primero sembraban algodón, tenían obraje, criaban ganado vacuno, mixto, de todo un poco. Mi padre falleció hace tres años‘. Su madre, Cristina Jhauda, de 77 años.

La tarea diaria en el obraje

PAMPA DEL INFIERNO (Agencia) -‘En obraje nosotros nos manejamos de otra manera, respetamos las plantas como podemos, a mí me corresponden unas 256 hectáreas aunque el campo es de 500 hectáreas en total, pero está compartido con mi hermana‘, comenta Manuel Vallejos.

Vallejos asegura que ‘siempre‘ busca ‘algo nuevo‘, tratando de mantenerse ‘al día con todas las cosas, implementar algo nuevo, de actualizarme‘ y en esa idea, sobre ‘la tuna, me gustó lo que me comentó el ingeniero Lehonartd, como forraje para el ganado vacuno la penca de la tuna; y también voy a explotar la fruta de la tuna‘, por eso plantó alrededor de una hectárea.
‘Me dijeron que una hectárea de tuna equivale a unas 10 hectáreas de gatton panic (pasto forrajero). En poco margen de tierra tenés producción‘, dice.

Con respecto a la forestación de algarrobo, cuenta que se inscribió en el Instituto de Investigaciones Forestales y Agropecuarias (IFFA) para reforestar diez hectáreas por año, que paga por esas plantaciones. Su intención es ‘reconstruir el campo, con proyección a 20 hectáreas, y por hectárea entran unas 500 plantas‘, contó.

En cuanto al manejo de los vacunos agrega que ‘no tuve problemas con la seca ya que tengo forraje y buena agua, de dos pozos con profundidad de 10 a 11 metros, agua buena para los animales y beber (los humanos) también si hace falta‘. Para facilitar la atención de los vacunos, Vallejos practica un sistema que consiste en organizar la producción en cuanto a nacimientos y cruza de raza, por lo que ‘te desocupas rápido‘.

UN DÍA DE CAMPO

El campo, en palabras de Manuel Vallejos, ‘es hermoso, tranquilo, vida en paz, pero sacrificado‘, es un trabajo ‘de domingo a domingo‘, porque requiere ‘no abandonarlo, moverse día a día. Producir, trabajar y tener la libertad‘, esa es la vida ahí. ‘Todo me agrada y me gustan las aves de corral por eso tengo guineos, gansos, pavos y gallinas, como cantan me gusta, para darle más vida al campo‘, dice. Otros de su emprendimientos es el desarrollo de colmenas, en su caso usa ‘un sistema colombiano, en los cajones‘, aunque ‘recién estoy comenzando‘. A las meliponas ‘se las trata con cuidado, del palo directo, se las deja, se arma el cajón, y cuando la colmena larga los pichones, se traslada al cajón y ellas continúan su ciclo‘.

El trabajo y los proyectos no se detienen ahí, como deja sentado el hombre de campo. ‘Más adelante cuando organice mejor mi campo, voy a implementar turismo rural, tengo todo para que el turista se sienta a gusto y viva un día de campo, caballos, volanta, sulkys y senderos en los montes hay muchos‘, finaliza.

08-11-2020 Fuente y foto: diarionorte.com



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