hace 15 horas - ARGENTINA
En algún lugar del Golfo San Matías, cuya ubicación exacta jamás será revelada, cientos de tiburones bacota fueron registrados por el videógrafo y ambientalista Maximiliano Cartes Salas nadando en el mar transparentado por la someridad de sus aguas. “Debe ser la primera vez que se filma esto en la costa argentina”, planteó Alejo Irigoyen, biólogo especializado en ecología marina del Centro para el Estudio de Sistemas Marinos (Cesimar-Conicet). Dos razones lo explican: estos animales son más de zonas profundas que de la región costera y, según el experto, se sabe muy poco de los tiburones en Argentina.
“Sabemos que migran entre Brasil y Argentina cada temporada, y que se mueven en cardúmenes como ese. Pero no sabemos mucho más”, añadió Irigoyen. Según varios estudios revisados, estos tiburones llegan al golfo por la temperatura de sus aguas y la riqueza natural de aquella zona, considerada una “bomba biológica”.
Los bacota son tiburones cosmopolitas y migratorios. Su distribución en la región atlántica se extiende por las costas de Brasil, Uruguay y la Argentina, pero también hay en Australia, África, Perú y Chile. Aquí suelen concentrarse en puntos de la costa de la provincia de Buenos Aires y entre Chubut y Río Negro.
Su piel es color plata cobriza, pueden medir más de tres metros de aleta a trompa y pesar 300 kilogramos. Comen peces y pequeños animales marinos. Si bien hay reportes en el mundo de humanos heridos por esta especie, entre ambos, las personas son las verdaderas depredadoras del bacota. Por esta razón, Cartes Salas decidió ocultar la ubicación exacta del cardumen que encontró.
Según estudios científicos, en el mundo su población se desplomó entre un 30% y un 50%. La Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza los categorizó como una especie vulnerable. Hace ya 10 años se advertía que esa tendencia mundial se reproducía en el territorio nacional. Los investigadores argentinos Santiago Barbini, Luis Lucifora y Daniel Figueroa mostraron en 2015 una tendencia declinante en las últimas cuatro -ahora cinco- décadas de esta como de otras tres especies de tiburón.
Este estudio tomó como fuente de datos una revista de pesca recreativa muy popular para analizar las tendencias de abundancia de las cuatro especies de grandes tiburones más comunes de la costa bonaerense entre 1973 y 2008. Tanto en aquellos años como ahora, los registros pesqueros son un insumo más continuo de información del bacota. “Uno de los principales impactos que tiene esa especie acá y en todo el mundo se supone que es la pesca deportiva sin duda”, sostuvo Irigoyen y añadió: “Hay un programa, se llama conservar tiburones de la Argentina, que es de la WCS [Wildlife Conservation Society], que está trabajando mucho con los pescadores en la concientización y en la colaboración para el marcado de estos bichos”.
Un dato que Cartes Salas destacó es que la reproducción de esta especie de tiburón es lenta. “Una hembra de bacota tarda casi 20 años en tener su primera cría. Su crecimiento es tan lento que cualquier pérdida hoy tiene un impacto que la naturaleza tardará un cuarto de siglo en recuperar. Protegerlos es una necesidad urgente”, advirtió.
Además, el videógrafo informó que el video fue adquirido por Grupo Condros, una organización científica especializada en peces cartilaginosos dentro del Centro de Investigación Aplicada y Transferencia Tecnológica en Recursos Marinos (Cimas), “para aportar a la investigación en nuestro Golfo San Matías”, añadió.
Hoy en día, son varios los grupos científicos que buscan mostrar la relevancia biológica de la región del Golfo San Matías debido a los grandes proyectos hidrocarburíferos que se avecinan. Hasta hace poco, estas actividades estaban prohibidas en la zona por una ley provincial derogada unos años atrás.
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