hace 4 años - SANTIAGO
Tiempo de lectura: 11 minutos, 3 segundosEn una entrevista con EL LIBERAL, este trabajador de la gastronomía cuenta secretos de la sede del Ejecutivo y de las personalidades que por allí transitaron. Revelaciones sobre momentos históricos de la Argentina que lo tuvieron como testigo privilegiado.
04/09/2021 - 02:47 Santiago
NiDicen que los santiagueños tenemos la particularidad de estar en todos lados, incluso en los lugares más recónditos o impensados, como la Casa Rosada, el mayor centro de poder en la Argentina. En la sede del Ejecutivo nacional, desde hace más de 35 años, Carlos Antonio “Lucho” Aranda, santiagueño nacido en Frías que se crió en un pueblito de Choya, El Tasial, atiende exclusivamente a todos los presidentes, desde 1985 a la fecha.
Desde su lugar de trabajo, fue testigo de los últimos sucesos políticos que ocurrieron en Casa Rosada y que marcaron la historia argentina como la renuncia de Fernando De la Rúa en 2001 o la muerte de Néstor Kirchner y su velatorio en la sede del gobierno, en octubre de 2010.
Con 66 años y sin ningún rastro de tonada santiagueña, sino bien porteña, ya piensa en el retiro para el próximo año “aunque Alberto (Fernández, el Presidente) cuando me vio por última vez me dijo vos te quedas los cuatro años conmigo” lo que refleja el trato cercano que tiene con el actual mandatario. Su trabajo, fue el orgullo de la familia, a tal punto que hoy, tres de sus seis hijos (tiene cuatro varones y dos mujeres): Carlos Gastón, Nicolás y Marcos, también son mozos en la Rosada.
“Estamos en todos lados, porque somos buenos”
Carlos, “Carlitos” como le decía afectuosamente Carlos Saúl Menem, el presidente con el que más confianza y vínculo tuvo (lo siguió sirviendo incluso cuando ya no era jefe de Estado y durante los 5 meses que estuvo preso en una mansión de Don Torcuato) conoce todos los secretos de Casa Rosada. En una extensa charla, imperdible por los datos y las anécdotas, que tuvo con EL LIBERAL, se animó a contar aspectos reveladores de las personalidades que ocuparon la primera magistratura del país y detalles desconocidos de hechos que ocurrieron en la sede del Ejecutivo nacional. También desmintió “verdades instaladas” y mitos en tornos a figuras que ocuparon el máximo cargo del país. Sobre cómo es que saliendo del interior profundo llegó a trabajar a la sede de la institución más importante del país, con simpatía definió: “Los santiagueños estamos en todos lados porque somos buenos”.
Carlos Antonio Aranda (el apodo “Lucho” viene de familia, porque lo iban a anotar con el nombre Luis, algo que finalmente no ocurrió), hizo un rápido repaso de su historia personal y de cómo llegó a Buenos Aires y a trabajar exclusivamente para los presidentes. Nació en Frías, fruto del matrimonio de Antonio Mateo Aranda y Segunda Aurora Godoy (catamarqueña) y vivió en El Tasial hasta los 10 años, un pequeño pueblo de Choya. “Somos cinco hermanos, y el más chico tiene 57, y cuando mi papá decidió que viniéramos a Buenos Aires, él tenía tres o cuatro meses. Nos establecimos en la zona de Florencio Varela y toda mi vida me he criado acá, pero añoro a mi Santiago al que voy todos los años”.
Fue en el año 1978, en plena dictadura, que un amigo, Alberto Coronel, le brindó la oportunidad de comenzar a trabajar en el Ministerio de Economía, en el servicio de comedor en una empresa privada. Allí tuvo que servir a José Alfredo Martínez de Hoz, de quien no tiene un grato recuerdo: “Era un secote; yo tenía 23 años y los veía de otra manera, o mejor dicho no los quería ni ver”.
En cambio, de Juan Vital Sourrouille, ministro de Economía de Raúl Alfonsín y padre del “Plan Austral”, dijo que “era una excelente persona con el trato”.
Ministro “quemado”
Una de las ricas anécdotas que narró de su paso por Economía, fue la de un incidente con el primer ministro de Hacienda, Bernardo Grinspun. “El que era jodido para atender y no lo podía ni ver, era Bernardo Grinspun: te pedía de mala manera, y no te equivoques nunca porque te retaba. Yo siempre lo serví con cuidado porque él cuando hablaba, movía mucho las manos. Y me acuerdo que una vez, un compañero en su primer día de trabajo, un muchacho tucumano, Carrizo, fue a servirle a Grinspun que estaba con Dante Caputo (canciller), le dije tené cuidado porque él mueve las manos cuando habla, tenés que ser justo con el movimiento para servirle y evitar que te tire el pocillo. Este muchacho va al despacho del ministro y al instante se escuchan gritos y viene Carrizo casi al borde del llanto, pidiéndome desesperado ‘¡andá a la oficina, ayudame, lo quemé, lo quemé!’. Pasó lo que temía, cuando le estaba sirviendo justo Grinspun levantó la mano e hizo que le tirara el café caliente. Pegó un alarido y lo sacó cagando, porque además, le manchó un traje claro que había llevado”, contó entre risas.
A Casa Rosada
El personal de servicio de comedor del Ministerio de Economía pasó a depender de Presidencia. Y en 1986, Carlos Aranda pasó a trabajar en Casa Rosada, con la misión exclusiva de atender a los presidentes.
“Desde Alfonsín, que me encargo de servir a todos los presidentes, en los despachos y en las audiencias. También he viajado por todo el país, porque son los mozos de Presidencia quienes se encargan de servir a los mandatarios”, explicó este trabajador nacido en Frías.
Sobre cómo es trabajar con las máximas autoridades del país, Carlos rescató que “el trato con ellos es de profundo respeto, siempre que llegan los saludo buenos días señor presidente o señora presidenta. Eso sí, todos tienen distintos carácter”.
Alegrías, temor, dolor
En los años que viene trabajando en Casa Rosada, este mozo santiagueño fue testigo de momentos históricos del país. Algunos de los cuales representaron una gran alegría popular, otros una desazón y temor por la violencia en torno a ellos, como también dolor para muchos, como fue el repentino deceso y velatorio del expresidente Néstor Kirchner.
Carlos recordó sobre este episodio, que fue “un momento muy triste, verla a Cristina desconsolada, a Máximo también que fue a hablar con nosotros. Con mis compañeros fuimos a despedirlo en el salón donde lo velaron. Fue muy fuerte porque estuve hasta el día que lo trajeron a él desde el sur. Muchos dijeron, más los de la contra (por la oposición), que no estaba en el cajón y es una mentira. Tengo mis compañeros, dos de los muchachos, mozos, Jorge y Julio, que estuvieron con Alicia Kirchner en un salón del Ministerio del Interior y donde estaba el cajón antes de ser exhibido, y ellos vieron el cuerpo”, manifestó.
Caída de De la Rúa
Uno de los momentos más dramáticos, fue la última semana de gobierno de Fernando De la Rúa, que renunció producto de la crisis económica social y la muerte de personas, durante la represión de protestas en Plaza de Mayo, en la zona de Casa Rosada.
“Había mucho miedo mucha tensión por esos días; en ese entonces no estaba como ahora la Casa Rosada que tiene un vallado a la vuelta. En esa época no había, y los manifestantes llegaron meterse hasta Balcarce 24, por donde ingresa personal: quemaban papeles, diarios en la puerta, querían ingresar. Los mozos y otros trabajadores de la cocina ingresamos en una oficina que tenía las puertas blindadas, y yo dije me quedo acá, ni loco salgo”, describió.
Y también narró los últimos minutos de De la Rúa, antes de renunciar y abordar el helicóptero en la terraza de Casa Rosada, en diciembre de 2001. “Estaba destruido, estaba entregado, estaba perdido. Cuando habló con el hijo, Antonito, le decía ‘lamentablemente esto no da para más’. Hablaba con todos los ministros, sabía que al otro día, ya estaba su suerte echada. Estaba entregado, pobre, quizás tuvo buena intención, pero la cosa no lo ayudó”.
“Fueron muy momentos difíciles, uno sabe que está ahí, el que más contacto tiene con los presidentes, es el mozo, el que lo atiende, y está al tanto de todo, sabe todo. Como yo, en mis caso, estando ahí, sabía quizás qué iba a salir en la tapa de Clarín al día siguiente, pero son cosas que uno sabe y cuando uno sale de ahí (Casa Rosada), se muere, porque la discreción es parte de nuestro trabajo. Eso también te permite ganar la confianza de los presidentes”, resaltó.
Para Carlos Aranda este lugar privilegiado de trabajo, no lo ensoberbeció a pesar de los años y el trato diario con los presidentes: “Soy un laburador, no soy un político, soy un humilde trabajador que sigue viviendo en su casa de Florencio Varela”.
Este santiagueño confiesa que está viviendo sus últimos meses de trabajo en Casa Rosada. Este mes tiene que volver a su puesto de trabajo, ya que a raíz de la pandemia, dejó de ir a trabajar desde hace más de un año y medio.
“Yo ya me queda poco, el año que viene pienso jubilarme, son muchos años, ya es una etapa que se cumple”, dijo, abonando el terreno para el retiro y con él se llevará muchos secretos, algunos de los cuales contó en esta rica charla. Otros, se los guarda para sí, razón por la cual se ganó la confianza de los mandatarios.
Hacia el final, reveló que cuando ingresó al Ministerio de Economía, los militares “te controlaban todo para ir a trabajar, de pie a cabeza”. Y dijo que aunque “hoy no es lo mismo ahora, ellos (en el gobierno) saben todo, cómo vivo yo, mis amistades. Todos los gobiernos supieron dónde vivo, con cuáles personas frecuento. No cualquiera llega a un sector presidencial para atender al Presidente”. Es por eso que su singular historia laboral, merecía ser contada y compartida a través de EL LIBERAL, para orgullo de su familia y de toda la provincia.
El día que Carlos Menem lo invitó a “cabecear” junto con Pelé en el despacho presidencial
El santiagueño Carlos Antonio Aranda, de profesión mozo exclusivo para los presidentes de la República Argentina, sería la envidia de los caza autógrafos ya que estuvo con las personalidades más famosas del mundo de distintos ámbitos y en su álbum personal de fotos, atesora imágenes con cada uno de ellos. En sus más de 35 años de trabajo, a este santiagueño le tocó servir a presidentes extranjeros como los estadounidenses George H. W. Bush padre, Bill Clinton, George W. Bush (hijo), Barack Obama y Donald Trump. También mandatarios y estadistas de otros países como Fidel Castro (Cuba), Hugo Chávez (Venezuela) o José María Aznar (España).
Pero también a famosos del mundo del arte, a supermodelos como la inglesa Naomí Campbell y del deporte en especial como Ayrton Senna (brasileño múltiple campeón de Fórmula 1), Oscar de la Hoya (boxeador) y a Diego Maradona quien “lo atendí muchas veces, desde el año 90 y pico hasta cuando estuvo De la Rúa, que fui a buscar a las hijas, Dalma y Gianinna, que quedaron en planta baja mientras Diego estaba en audiencia. Tengo una última foto con él cuando fue a verlo a Alberto”.
Hablando de futbolistas, una de las anécdotas más singulares que tuvo en Casa Rosada, fue cuando Carlos Menem recibió en audiencia a Edson Arantes do Nascimento “Pelé”. Al ingresar al despacho presidencial para servir al Presidente y la resonante visita, los sorprendió a ambos con una pelota de fútbol, haciendo jueguitos con la cabeza y el riojano lo invitó a sumarse a ellos.
“Vení Carlitos, vamos a cabecear los tres” recordó el santiagueño que le dijo el mandatario, y acotó: “‘No puedo Presidente, estoy con la bandeja’, le contesté, ¡qué iba a cabecear!” soltó entre risas.
Desnudó los gustos y personalidades de los mandatarios: “A Cristina le encanta el matecocido con la tasa llena; y a Alberto, la entrañita”
Raúl Alfonsín
“Muy buena persona, estuve con él los últimos tiempo. Era excelente en el trato, muy macanudo. Una vez con un compañero Jorge nos fuimos a la Costa de vacaciones y decidimos ir de pasada por Chascomús para saludarnos y se alegró al vernos. Tomaba mucho café durante las audiencias”
Carlos Menem
“Él tomaba mucho cafecito: ‘Carlitos’, me decía, ‘tráigame esto’. Llegaba a la mañana, te daba un beso y un abrazo, con todos me he llevado, pero con el mejor de todos fue él, haya hecho mal o bien las cosas, porque no entiendo de política”.
Fernando De la Rúa
“Del 1 al 10, tres puntos (risas). Un tipo que aunque sea serio, no había trato. Este hombre comía muy livianito, a veces comía solo, le hacíamos preparar una variedad de ensaladas porque a veces comía con algún ministro. Una vez hice preparar 7 u 8 ensaladas y ese día entró a la cocina porque quería tomar algo y mira las ensaladas en el freezer, y me dijo ¡para qué tanto gastos! Y le contesté: ‘Tengo que tener otras ensaladas por si usted recibe visitas y acá no se tira nada, lo que sobra lo comen los muchachos. Me dijo que era un gasto de mala manera. Era demasiado secote”.
Eduardo Duhalde
“Lo conozco desde hace muchos años, cuando era intendente de Lomas de Zamora. Esto pasa siempre, cuando hay un presidente los conoces a los otros (políticos) que luego van a asumir, que son ministros o jefes comunales. Una excelente persona tanto él como ‘Chiche’ Duhalde. Comía de todo, a la mañana desayunaba siempre café o matecocido y era muy sencillo, mucho pollo o pescado”.
Néstor Kirchner
“Excelente persona, con Néstor la pasábamos bien, porque él venía a la cocina a tomar un café con nosotros, a hablar de fútbol. Pero también tenía su carácter fuerte. Tomaba cortadito, mitad y mitad. Después para comer, era muy sencillo”.
Cristina Kirchner
“Todo lo que decían que los mozos y el resto del personal le tenían miedo por el maltrato, es una mentira, no es así. Es una mujer muy tratable, aunque tiene su carácter, uno lo palpa de cerca. He leído notas que no saludaba a los granaderos, es mentira. No hubo maltrato, aunque tenía su carácter temperamental, veía cómo hablaba con los ministros, pero no quiere decir que era mala persona. Con nosotros era una excelente mujer. Cristina, a veces nos pedía un cortado, pero tomaba mucho matecocido. A Cristina le encanta el matecocido y la taza llena. Llénelo’, me pedía. Muy sencilla para comer también”.
Mauricio Macri
“Con él hubo poca relación, no era un hombre malo, pero no era la amabilidad que tenían los demás. Quizás es un hombre bueno, pero de poco hablar, de algún modo, desconfiado. Le gustaba comer ojo de bife o bife de chorizo bien jugoso, tirando a crudo casi; y sopa de carpacho que se hace con jugo de tomate, un caldo frío”.
Alberto Fernández
“Lo conozco desde que tiene 29 años, me pidió que lo acompañe estos cuatro años. Alberto también le gusta el bife de chorizo y el ojo de bife bien jugosos. Es muy sencillo, come de todo lo que le ponen, milanesa; le fui sugiriendo otras comidas, le ofrecí la entrañita y le encanta. Y todos los días toma una gaseosa de pomelo o una cola light de marcas reconocidas. Le serví el primer café como Presidente de la Nación”.
Fuente y foto: EL LIBERAL
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