hace 5 años - INTERNACIONALES
Tiempo de lectura: 6 minutos, 51 segundosEn todo el país se ven presionados por la escasez de suministros y la creciente demanda de las familias necesitadas, ya que la pandemia de coronavirus dejó sin trabajo a más de 26 millones de estadounidenses. En Nueva York, el alcalde nombró a una nueva autoridad de alimentos para lidiar con las filas de personas que esperan fuera de organizaciones benéficas sobrecargadas.
l Paso, 24 (Reuters) - Está completamente oscuro en El Paso, Texas, cuando las minivans y camionetas comienzan a alinearse a las cuatro de la madrugada por más de un kilómetro y medio en la carretera por el desierto que lleva al banco de alimentos más grande de la ciudad.
Cuando las raciones finalmente se distribuyen cinco horas después, muchas cajas se llenan con demasiados tomates aunque no hay pasta. Tampoco hay arroz, frijoles ni otros productos secos o enlatados. “No tenemos productos secos”, dijo Bonnie Escobar, directora de desarrollo de El Pasoans Fighting Hunger.
Según la Sociedad de Misiones de Nueva York, más de un tercio de los bancos de alimentos de la ciudad cerraron por falta de suministros, donaciones o voluntarios, que son más difíciles de reclutar debido al temor a la infección. En San Diego, un banco local de alimentos espera un pedido de u$s 1 millón que realizó hace semanas. Otros en Chicago y Houston dicen que están casi sin productos básicos.

Antes de la pandemia, uno de cada siete estadounidenses dependía de los bancos de alimentos, según Feeding America, una red nacional de organizaciones benéficas. Ahora, la demanda se ha duplicado o triplicado en muchas organizaciones, dijeron operadores de bancos de alimentos de Estados Unidos.
Y, sin embargo, los agricultores están destruyendo los productos, arrojando leche y sacrificando ganado porque la pandemia ha alterado las cadenas de suministro, lo que hace imposible para muchos llevar los cultivos al mercado.
Las tiendas de comestibles luchan por reponer estantes, porque los proveedores no se adaptan al cambio repentino de la demanda por el cierre de restaurantes y más compras minoristas, lo que requiere diferentes redes de empaque y distribución. “EEUU probablemente tenga un excedente de alimentos en este momento”, dijo Keith Dailey, vicepresidente de asuntos corporativos del grupo Kroger, el mayor operador de supermercados de EEUU. “Simplemente es difícil de recuperar y redistribuir”.

Antes de la pandemia, las organizaciones miembros de Feeding America recibían aproximadamente un tercio de sus alimentos de los programas de tiendas de comestibles que “rescatan” alimentos frescos y productos secos que están a punto de caducar o presentan defectos menores. Casi una cuarta parte provenía de programas gubernamentales que proporcionan carne, queso y otros productos. El resto, de donaciones de granjeros y compras de los bancos de alimentos. Ahora esas líneas de suministro están interrumpidas.
La creciente demanda de las familias necesitadas, junto con los precios más altos de algunos productos, está destruyendo los presupuestos de los bancos de alimentos. Uno de Nebraska, por ejemplo, gastará hasta u$s 1 millón en alimentos en abril en comparación con aproximadamente u$s 70.000 en un mes normal.
Muchos agricultores prefieren donar alimentos que destruirlos, pero las organizaciones benéficas sobrepasadas no tienen la mano de obra o almacenes para manejar las donaciones a granel. El gobierno tampoco puede moverse lo suficientemente rápido como para llenar el vacío dejado por las interrupciones de otras fuentes y el repentino aumento del hambre.

El gobierno Trump enfrenta una creciente presión de grupos comerciales, como el Consejo Nacional de Productores de Cerdo y el Consejo Nacional de la Papa, para comprar más alimentos excedentes y entregarlos a organizaciones benéficas o escuelas, que continúan proporcionando comidas a miles de familias de bajos ingresos después de que se suspendieron las clases. Eso podría incluir, por ejemplo, entre u$s 750 millones y u$s 1.300 millones en papas y productos derivados que están atascados en la cadena de suministros, dijo el Consejo Nacional de la Papa.
Pero las regulaciones del Departamento de Agricultura de EEUU (USDA) plantean problemas para redirigir los alimentos desde los restaurantes a las organizaciones benéficas. El USDA tiene especificaciones estrictas sobre la condición de los productos que se pueden comprar para los bancos de alimentos y permite solo ciertos cortes de carne que se empaquetan en cajas de tamaño específico, dijo Dallas Hockman, vicepresidente de relaciones industriales del Consejo Nacional de Productores de Cerdo.
Los empresarios de la carne solicitaron que el USDA flexibilice las reglas para acelerar el flujo de alimentos a las familias necesitadas. Mientras tanto, los paquetes a granel de jamón y tocino que normalmente irían a restaurantes están almacenados en cámaras frigoríficas. “Lo que estamos diciendo es: cómprennos estas cosas, sáquenlas y llévenlas a estos bancos de alimentos”, dijo Hockman.

La USDA no respondió directamente las acusaciones de que se mueve demasiado lenta para abordar la crisis de los bancos de alimentos o los pedidos empresarios para que relajara regulaciones. Los cierres de restaurantes fueron un doble golpe: mandaron a los trabajadores suspendidos a las colas en los bancos de alimentos y redujeron las donaciones de los supermercados cuyas estanterías fueron vaciadas.
Las organizaciones benéficas tampoco tienen instalaciones de almacenamiento, camiones, mano de obra o procesamiento necesarias para aceptar y distribuir grandes donaciones de productos de agricultores. Mónica White, gerente de Food Share, dijo que la organización tuvo dificultades para aceptar productos a granel. “Es como pedirle a Tesla que comience a fabricar autos a gasolina”, dijo.
25-04-2020 Fuente y foto: DIARIO NORTE
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