hace 6 años - POLICIALES
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FRÍAS, Choya (C) Todavía conmovidos por el desconcertante momento que vivieron en la madrugada del viernes, Antonio García (56 años) y su sobrino Erik, hijo y nieto respectivamente de Celia del Valle Peralta, de 88 años de edad, que en la madrugada del lunes sufrió el ataque del perro Dogo que era su propia mascota, explicaron que el animal ya no está en la casa por razones de seguridad.
El Dogo le produjo heridas tan graves a la anciana, que derivaron en la amputación de una parte de su pierna derecha. “Yo le abrí las mandíbulas al perro para que soltara a mi abuela”, relató Erik.
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El escenario de esta dramática historia fue la vivienda de calle República de Siria Nº 555 del barrio Oeste. Allí vive Celia, una abuela pensionada, junto con Manuel, uno de sus hijos y su nieto de 25 años de edad. Hace días había recibido con enorme felicidad la visita de Antonio, quien por razones laborales está radicado desde hace varios años en la provincia de Buenos Aires, y hacía más de cinco años que no podía venir a verla.
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Antonio se ubicó en una cama al lado de su mamá en la habitación. “Mi madre, a pesar de que tiene reducida su vista, se manejaba por sus propios medios en toda la casa”, explicó a EL LIBERAL muy apesadumbrado por el impacto emocional de un hecho absolutamente inesperado para ellos.
Manos en la boca
“Esa madrugada, minutos después de las 5, ella se levantó para ir al baño. Abrió la puerta de su habitación y salió hasta un pasillo que tiene la casa en donde el perro estaba echado”, relató para luego agregar: “Nosotros estábamos durmiendo en ese momento. Pensamos que lo pudo haber pisado y reaccionó tomándola de la parte de su tobillo de la pierna derecha”.
El desgarrador grito de dolor despertó a Antonio y su sobrino. “La primera reacción que tuve al encontrarme con esa situación en el pasillo, lo primero que atiné a hacer, fue ir sobre el animar y abrirle las mandíbulas con mis manos hasta lograr liberarle la pierna de mi abuela”, dijo Erik.
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“Tal vez el animal me reconoció que yo era de la casa e inmediatamente abrió sus fauces y dejó la pierna de mi abuela”, sintetizó.
Cariños
El perro tiene tres años y medio de edad. Su contextura es robusta. Una de sus características es que siempre se ha mostrado dócil con el grupo familiar y también con Celia, quien ha llegado a alimentarlo con sus manos en muestra de confianza y cariño mutuo. “Ella se llevaba muy bien con el animal”, definieron.
La abuela es pensionada y tiene la cobertura de la obra social Pami. Sin embargo sus hijos llamaron inmediatamente al Hospital Zonal de Frías, que puso en alerta el equipo de asistencia inmediata. “Inmediatamente llegó la ambulancia y trasladaron a mi madre hasta el hospital”.
Estabilizar el cuadro hemorrágico y preparar a la paciente para la cirugía de urgencia fue un trabajo rápido para preservar la vida de la abuela por sobre todas las cosas.
“Yo me tenía que volver a mi trabajo mañana (por hoy), pero me voy a quedar unos días más. La situación así lo amerita. Mi mamá necesita contención más que nunca”.
Pero Celia necesita algo más que contención emocional. Requiere de acciones concretas de los resortes sociales para con una mujer de 88 años: coordinar atención, cuidado en sus curaciones, medios de movilidad y hasta ayuda psicológica para volver a equilibrar su estado emocional frente a tan dramático suceso.
24-07-19. Fuente y Foto. El Liberal.
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