El último lutier y una guitarra rara

hace 7 años - MÚSICA - ESPECTACULO

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Él aprendió el oficio de hacedor de instrumentos musicales de su padre. Ella recorrió miles de kilómetros de la mano de uno de los músicos más talentosos que dio la Argentina y sin dudas el más importante del Chaco. Se cruzaron un día. Edmundo Verón y la guitarra Selmer modificada con la que Oscar Aleman brilló en los escenarios del mundo.


Hoy volvió al lugar donde se encontraron, en el Fogón de los Arrieros, ya restaurada. “Ahora sí está viva, entera”, dice con orgullo el artesano. 

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De Monte y del monte

El mate es su compañero inseparable. Quizás porque de chico, allá en su Monte Quemado natal, cuando daba sus primeros y curiosos pasos en el taller de su padre, Edmundo tenía esa tarea. De sus hermanos fue el único que aprendió el oficio de su padre. “Siempre me gustó ver la paciencia que le dedicaba a cada instrumento que hacía. En mi caso, los bombos son mi especialidad, pero también hice muchos instrumentos de cuerdas: violines, chelos, charangos, guitarras, guitarrones y algún que otro instrumento raro. Tengo una foto, esperá que te muestro”, señala mientras desaparece en una de las habitaciones de la vivienda que comparte con su familia en el barrio Villa Don Enrique de Resistencia donde además, en el fondo, tiene su taller.

“A veces extraño eso de estar en contacto con la naturaleza. A veces necesito ir a quedarme unos días por allá, en Monte, cerca del monte. Y de paso cuando sé de algún ceibo que se pueda cortar, ya armo enseguida mi equipo y con motosierra en mano lo tumbamos, lo cortamos y lo ahuecamos ahí nomás, para la base de un buen bombo”, explica mientras denota su ADN santiagueño en su inconfundible tonada.

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En la precisión de los detalles está el arte.

Verón es hoy un docente a punto de acogerse a la jubilación. No se dedica a fabricar instrumentos en cantidad “porque cuando hago un instrumento o lo restauro, le dedico todo el tiempo, me dedico solo a eso. No sirvo para producir instrumentos tipo a escala, como si fuera una fábrica. Probablemente si me dedicara podría hacerlo, pero no es lo mismo. Me gusta dedicarle el tiempo a observar la madera, a secarla y curarla el tiempo necesario, a dejarla reposar, a tratar de transmitirle lo que uno siente. Y después, es una sensación particular de orgullo verlo en un escenario. Yo no hago publicidad de mi trabajo, porque si hiciera no me dejarían trabajar. Sé que esta nota va en contra de esta forma mía de pensar, pero esta guitarra lo vale. Es una reliquia”, asegura. 

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Una rara guitarra

Cualquier admirador de la buena música, y de los buenos guitarristas, seguramente tendrá entre sus íconos al chaqueño Oscar Aleman. El argentino rey del swing o el rey del jazz latinoamericano, fueron algunos de los motes que recibió a lo largo de su vida este chaqueño, nacido de una familia humilde en Machagai. Su dura infancia no fue impedimento para aprender a tocar la guitarra desde muy chico, gusto que mantuvo e incrementó en su también dura adolescencia y juventud en Brasil. Después, su incursión en los escenarios europeos le valieron su reconocimiento y estrellato. Gran parte de su carrera, brilló con un instrumento particular en sus manos. “Una rara guitarra”, describe un especialista en uno de los tantos blogs que pululan en internet rindiendo honores al artista y su instrumento.

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Algunos de estos blogs cuentan que la guitarra original de Aleman fue confiscada por los nazis, y que por algunos esfuerzos de diplomáticos que lo admiraban logró recuperarla, aunque con serios daños. Se trata de una guitarra Selmer Macaferri, que fue restaurada y modificada por el lutier argentino Sergio Repiso. Originalmente las guitarras Selmer francesas eran las preferidas de los gitanos y tenían como componente destacado el hueco de resonancia, tras las cuerdas, en forma de D. Sin embargo, la guitarra que popularizara el músico chaqueño en escenarios y varios filmes, tiene ese mismo hueco, pero en forma oval, aunque manteniendo las grandes dimensiones originales.

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La guitarra y el fogón

Verón cuenta que cuando le fue encargada la restauración del instrumento, no lo podía creer. “Hay algunos músicos y hasta fanáticos que saben que estoy restaurando la guitarra y han venido a sacarse una foto con ella”. La guitarra tiene en su pared de fondo un sello de la Antigua Casa Núñez, mítica y reconocida fábrica de instrumentos y casa de venta de Buenos Aires, aunque nadie puede precisar si se trató de aquella restauración de Repiso o alguna posterior.

José Iacona, un entusiasta alumno de Aleman que escribió un libro en homenaje a él y a su carrera, lo refleja en alguna de las páginas del mismo y en el sitio en internet dedicado a él www.tributoaoscaraleman.com.ar. “La guitarra Selmer de Oscar, hoy en exhibición en el Fogón de los Arrieros, provincia del Chaco”, dice una de sus páginas en los tres idiomas que fue publicado: castellano, inglés y francés.

Verón, sin conocer a Iacona, coincide: “No tiene valor. No sé lo que podría valer esta guitarra. Probablemente hoy alguien pueda conseguir una guitarra Selmer Macaferri original, de aquella época, restaurada y pueda darle un valor. ¿Pero cómo se dimensiona el valor histórico de haber pertenecido a ese gigante?”, destaca Verón. Pero además, “es fácilmente comprobable, cualquier foto que busques o cualquier video de Oscar Aleman tocando, lo vas a ver empuñando esta guitarra”, asegura Iacona.

El artista tuvo dos presentaciones en el Fogón de los Arrieros. En febrero de 1957 y en marzo de 1972. Y en una de ellas incluso se alojó allí. En el museo hay registros fotográficos de ambos momentos. 

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Una muestra de la diversidad de instrumentos que pasan por sus prodigiosas manos.

Matemáticas y física

La guitarra fue desarmada por completo. Las maderas fueron puestas a proceso de secado para luego volver a impregnarse de lustre. Al armado del instrumento, el lutier fue reforzando cada una de las uniones de las maderas de procedencia europea y asiática. “Esta madera – dice Verón mientras señala la caja de la guitarra – se llama palisandro, vendría a ser algo así como una madera de palo santo. Es proveniente de la India”.

“Tenía algunos huecos producto del tiempo, de la vejez de la madera. Los apliques de laca son los originales, incluso están gastados por el roce de la púa en la laca. El lustrado lleva varios días. Cada vez que lustras, después la secas. Hay que tener cuidado, sobre todo los días que hay mucha humedad”, señala Verón mientras acaricia incansablemente el instrumento con un soquete, un trozo de algodón envuelto en paño, que luego embebe en goma laca diluida con alcohol. “Ahora hay una cola, que viene de Norteamérica, que todos la usamos. Anda muy bien, responde a la perfección y adhiere de manera tal que hasta ahora, en todos los trabajos que la usé, jamás se despegó”, muestra. “¿Cuántas manos le doy? El tacto me dice basta, cuando sienta que ya fue lustrado lo suficiente, ya está. Pero si, son muchas manos”, aclara.

El trabajo de Verón es reconocido entre muchos artistas folklóricos de la región y muchos de ellos con reconocimiento nacional, especialmente por la fabricación  de bombos. A diferencia de otros, el lutier de Villa Don Enrique construye los bombos desde el tronco completo. Luego, pacientemente, los ahueca hasta dejar la madera con un espesor de un centímetro. “Algunos prefieren doblar la madera laminada. Yo, aunque demore más, prefiero dedicarle el tiempo para ahuecar y terminar de darle esa forma bombé a los laterales. Y después, se hacen los parches con cuero de chivo”.

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Verón nos muestra el proceso de acabado de las piezas que repara.

Lo que parece saber popular y autodidacta, tiene sin embargo origen científico. “Para fabricar una guitarra, por ejemplo, hay que cortar la madera de tal manera que si dividiéramos un tronco en cuatro partes, y solo se usa una de ellas, cortando dos rodajas para luego enfrentarlas. Una guitarra, o un violín, o un guitarrón, en su caja, tiene que tener simetría, por eso es que a veces cuando la madera tiene un nudo o un viento, en una guitarra vas a ver la misma marca en los dos lados. Es absolutamente necesario que sea así, que mantenga la simetría, porque eso va a mejorar la distribución de las ondas sonoras. Es matemática para mantener la simetría; y física para la mejor circulación de las ondas sonoras. Lo mismo para los bombos, el lomo del cuero del chivo debe ir bien centrado, y bien direccionado con el otro parche de abajo”. 

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El tesoro del fogón

La guitarra, totalmente desarmada y con visibles rastros de deterioro en su madera, comenzó a renacer. “Ahora si está viva”, dice el lutier mientras muestra con orgullo algunos detalles de su trabajo. “Las clavijas son de industria argentina, seguramente durante su anterior restauración fueron reemplazados. Y las cuerdas deben ser metálicas como si fuera una guitarra eléctrica, como la usaba Aleman. Algunos de esos huecos de la madera fueron rellenados durante el proceso de lustre con piedra pómez finamente molida.

El arquitecto Marcelo Gustin, del Fogón de los Arrieros destaca que “esa guitarra es sin dudas uno de los tesoros del fogón. No es el único, pero seguramente para cada aspecto de la cultura y el deporte de nuestro país, hay en el fogón algo para destacar. El palo de golf que regaló De Vicenzo con el que ganó el Abierto de Inglaterra. Los guantes con los que Monzón obtuvo el título en Francia, y por supuesto, esta guitarra, ahora ya restaurada, pero con el detalle de tener que ver con nuestra provincia por haber pertenecido a un artista chaqueño”.

Dicen que a los artistas los sobreviven sus obras. Aleman nos legó varias de ellas. Y también ese maravilloso instrumento que, como dice Edmundo Verón “ahí está. Otra vez viva”.

El último lutier y una guitarra rara



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